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KARAOKE DE PIANO. algo realmente bueno: acompañamientos mp3 de orquesta de conciertos para piano, para que disfrutes en tu casa siendo tú el o la solista. Ver acompañamientos

¿Quén es este pianista?

Artur Schnabel

Este pianista de origen judío nació en Lipnik, hoy Polonia, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro. Muy joven fue alumno del gran pedagogo Theodor Leschetizky, quien una vez le dijo “Tú nunca serás un pianista, tú eres un músico”. Fue el primer pianista en grabar las 32 sontas de Beethoven, grabación considerada frecuentemente como la mejor de todos los tiempos (se editó versión en vinyl). Sus interpretaciones de Beethoven se caracterizaban por frecuentes y breves accelerando. Arrau una vez comentó en broma, que “era como si tuviera prisa por irse para la casa”. Sus adagios de Beethoven eran insuperables. Rachmaninoff se refería a este pianista como el “gran pianista de los adagios”. Durante gran parte de su vida se dedicó al estudio del repertorio austro-germánico, especialmente Beethoven y Schubert. Emigró a los Estados Unidos y se nacionalizó estadounidense. Por si no adivinas quien es, su nombre escrito en orden inverso es:

Lebanhcs Rutra

 

¡MUY INTERESANTE!

En la ventana ¡MUY INTERESANTE! hoy presentamos:

LOS CONCURSOS DE PIANO MODERNOS COMO OLIMPIADAS DE VELOCIDAD.
Es innegable la capacidad de superar metas que tenemos los seres humanos. Lo hemos visto en todos los ámbitos del quehacer humano: ciencia, arte, deporte, por citar tres de las áreas más importantes de la actividad humana. En el deporte somos testigos de como cada marca deportiva es superada por deportistas de las siguientes generaciones. Cuando pensamos que ya no será posible superar la marca del salto con garrocha o acortar el tiempo en los 100 metros planos o en el agua en los 200 metros mariposa, viene un joven o una joven y nos demuestra que estábamos equivocados: todas las marcas son superadas y aquellas que aún tiene algo de tiempo sin serlo, tengamoslo por seguro que no será por mucho tiempo más. ¿Ocurre lo mismo en el arte? No me atrevería a afirmar que este fenómeno se da en cualquiera de las artes. Pero sin duda, el espíritu de competencia y el deseo de batir records esté presente en el campo de la ejecución instrumental. Si hablamos de piano pronto nos vienen a la mente los nombres de Liszt, Horowtiz o Cziffra, en violín Paganini, Heifetz o Ricci, en guitarra Segovia, De Lucia o Díaz. Parece innegable que tocar rápido, más rápido que los demás, siempre ha seducido al público. La palabra “virtuoso” tiene una connotación que apunta a la destreza física más que cualquier otro rasgo del intérprete. De algún modo, el virtuoso siempre ha sido el trapecista del público culto, el que da saltos mortales sin red desde el teclado o con el arco. Por eso no deben sorprendernos las velocidades con que tocan el piano los jóvenes pianistas célebres de la actualidad, aquellos que han logrado la fama ganando concursos o exponiendo sus habilidades en las redes sociales (como lo hizo Valentina Lisitsa). Alguien con conocimiento me dijo un día que “en esta época ya hay pianistas que tiene más técnica que Horowitz”. No sólo estoy de acuerdo, sino que agregaría que ya hay muchos pianistas con esas características. Lo cual no significa que yo piense que son mejores pianistas que Horowitz, ni que no lo son, simplemente la técnica en el sentido cirsence de habilidad y rapidez no lo es todo. Vladimir Horowitz en una entrevista admite que, ya en su tiempo, hay pianistas que hacen cosas que él no podría hacer. Pero también agrega que hay cosas que él hace que esos pianistas no pueden hacer.

En el mundo actual, la influencia del marketing en la conducta humana es enorme. Los artistas no han podido sustraerse a ese tsumani impulsado por los medios y las redes sociales. Si se tiene un bello cuerpo, por qué desaprovechar el efecto de convocatoria que posee una minifalda, como lo ha demostrado Yuja Wang. De hecho, fue Martha Argerich quien primero utilizó este hábil recurso de marketing. La calidad de ambas virtuosas no se puede poner en duda, las admiro a ambas. Katia Buniatishvili tiene una técnica demencial, y además de hablar 5 idiomas se ha dado cuenta de que, si se es joven y se tiene un bello cuerpo, en vez de una minifalda, por qué no lucir atrevidos escotes (un ingenioso comentarista de youtube la describió como “the breast pianist I have ever known”). También le profeso gran admiración a su técnica, es casi sobrenatural. Lang lang es otro fenómeno de la técnica más extraordinaria, la cual ha sabido combinar con sus gestos tipo Jackie Chang. Debo confesar que a mí no me molestan esos gestos, como he oído que le molestan a otros. A Jackie, perdón a Lang Lang Le salen con mucha naturalidad y parece que realmente disfruta de tocar el piano. Cuando uno es joven se puede permitir esas extravagancias. Es un verdadero cinturón negro séptimo dang. Sería imposible nombrar a todos los monstruos de la actualidad que poseen técnicas impecables y que hacen del Steinway o el Bossendorfer un Fórmula 1. Y luego están los rusos, una constelación de pianistas entre jóvenes y maduros, sin llegar a viejos, que lucen técnicas extraordinariamente perfectas y que rara vez se contienen a la tentación de mostrar de lo que son capaces cuando pisan, no el pedal sostenuto del Steinway sino el pedal del Lamborghini. Con técnicas fabulosas los hay de muchas otras nacionalidades. Prefiero no citarlas para no pecar por omisión. Yo comprendo los excesos de velocidad que afean la música, pero a la vez los comprendo y casi los perdono. Yo no tengo ni lejanamente esa técnica, soy un simple aficionado, pero si la tuviera, ¿me privaría de mostrarla al mundo? Es miy difícil poseer una habilidad extraordinaria y abstenerse de mostrarla, incluso de abusar de ella. Esto me recuerda aquel pensamiento: si le das un martillo a un niño pensará que todo lo que hay en la casa necesita ser martillado. En la próxima entrega de MUY INTERESANTE mostraré algunos excesos de velocidad de algunas de los grandes héroes y heroínas del siglo pasado. Por hoy termino diciendo que nos están haciendo falta más pianistas como Dinu Lipatti, Samson François, Clara Haskil y Annie Fischer. El problema es que seguramente no ganarían ningún concurso.

 

Es matemáticamente imposible la afinación perfecta de un piano.


Los instrumentos de afinación fija como el piano, el órgano, el cémbalo y  los teclados electrónicos no se pueden afinar de manera perfecta, no por razones de limitaciones técnicas sino por razones matemáticas. Aunque generalmente se comienza la afinación por la nota La que da el diapasón (440 vibraciones por segundo), en realidad se podría comenzar por cualquier otra nota. El problema proviene de la incompatibilidad matemática entre los distintos intervalos: las octavas, las quintas, las terceras, las séptimas, etc. Aunque no daremos una explicación basada en matemática, sí nos es posible dar una idea básica de lo que ocurre. Si usted parte de una nota, digamos el La y afina luego el La que se encuentra una octava más arriba, es posible afinar ambas notas de modo perfecto. De hecho, existe una relación aritmética básica entre estas dos notas: la más alta vibra dos veces más rápido que la más baja. Si seguidamente partiendo de ese La inicial, usted afina una quinta, ahí comienzan los problemas, la quinta queda bien afinada con el La inicial pero no con el segundo La. El hecho que respecto al La superior no hay una quinta de distancia sino una cuarta es el origen del problema. Cuando pasa a afinar una tercera y luego una cuarte y luego otros intervalos, y va copiando por medio de octavas estas notas hacia arriba y hacia abajo, la incompatibilidad entre intervalos se va haciendo más notoria.  Cuando usted termina de afinar el piano y se sienta a cómodamente a tocar el Claro de Luna, no importa si el de Beethoven o el de Debussy o el que usted compuso para esa ocasión tan especial, sentirá que su piano está muy desafinado. La razón, como hemos dicho, se debe a que unos intervalos son matemáticamente incompatibles con otros. ¿Cómo se resuelve esto? La solución la propuso J.S. Bach y por eso una de sus principales obras se titula El Clave Bien Temperado (es decir, bien afinado). La idea de Bach consiste en repartir la inevitable desafinación entre unos intervalos y otros de modo inteligente, de manera que unos intervalos queden ligeramente desafinados respecto a otros y de modo que esto no resulte molesto al buen oído musical. En un instrumento con menos cuerdas, como la guitarra, ese problema es mucho menor y no lo notamos. Hasta yo puedo afinar una guitarra. Los instrumentos de cuerda variable como el violín o el chelo tienen una ventaja sobre los de cuerda fija. Aunque las cuerdas sueltas del violín están fijas, la afinación de aquellas notas que no van a cuerda suelta, se produce colocando el dedo sobre la cuerda. Además, los violinistas suelen tocar menos notas simultáneamente que los pianistas. Con un leve movimiento del dedo es posible producir pequeñísimas variaciones de la afinación, hasta dar la nota perfecta. El oído de un violinista instintivamente no afina de manera exactamente igual un mi bemol que un re sostenido, pese a que en el piano suenen igual.

¿Por qué muchos "pianistas clásicos" no saben cómo tocar o improvisar música popular?

 

Has oído a un pianista "clásico" decir: "puedo hacer la melodía pero no sé cómo hacer el acompañamiento de esta canción"

 

No más excusas. He aquí una sencilla solución para superar esta limitación: ¡escúchala, bájala y tócala!

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